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NOTAS, ECONOMIA.

MAS AJUSTE O EQUILIBRIO COMERCIAL

Por: Dr. Jorge Alma
 
La afanosa búsqueda del déficit fiscal cero por la vía de rígidas fórmulas econométricas, soslaya costos sociales y económicos, eludiendo la necesaria definición de un proyecto generador de riquezas genuinas que habilite una sana metodología de crecimiento.
     

El nuevo ajuste fiscal implementado por el gobierno nacional, intenta equilibrar las cuentas del Estado con el objeto de dar cumplimiento a las metas acordadas con el FMI, al mismo tiempo que trata de sostener la convertibilidad como mecanismo operativo para evitar el desborde de las variables internas, y su inevitable impacto sobre las actividades cotidianas de la población.

El equilibrio de las cuentas nacionales se ha transformado en una suerte de búsqueda del tesoro para todos los gobiernos, y su inalcanzabilidad la hace mas deseada, desatando entre los economistas una competencia por elaborar la alquimia que permita resolver este intrincado teorema.

De esta forma, se visualiza al déficit fiscal como una epidemia que debe ser atacada con todos los recursos para exterminarlo, y a su contracara el equilibrio fiscal como el ámbito natural para el desarrollo de las actividades económicas.

Las dificultades y la complejidad de todos los elementos que se deben tener en cuenta, ya se trate de intereses sectoriales, compromisos externos, deudas internas, continuidad del funcionamiento del estado, necesidad de dar respuesta al avance tecnológico, desarrollo de la cultura, etc. determina que las medidas que se plantean y su ejecución posterior, inevitablemente deban privilegiar algunos y postergar otros.

Es probable que de existir esa alquimia que permita derrotar al feroz enemigo, su aplicación transforme a la victoria en una acción digna de Pirro, ya que seguramente su costo no justifique el botín obtenido, y que a la hora de hacer el recuento de las fuerzas que han sobrevivido a la batalla y que son necesarias para el desarrollo de una política de crecimiento seria y efectiva, se llegue a la conclusión que ya no hay más déficit fiscal, pero tampoco quedan operadores con capacidad para llevar adelante la tarea de la construcción de un país con una economía poderosa y con recursos adecuados para brindarle a sus habitantes una vida atractiva.

Es tan grande el deseo de encontrar la solución que permita tranquilizar los espíritus y de una vez comenzar a transitar el camino del crecimiento y la abundancia, que se pierde de vista la necesidad de determinar con precisión las causas que producen el desequilibrio comercial, expresión cabal de la actividad económica de un país.
Por ello, y persistiendo erróneamente en este sesgo analítico, se elaboran programas que se acercan peligrosamente al borde de lo decoroso, se cruzan fronteras que deberían ser infranqueables y se abandonan marcos éticos y propuestas, manipulando disposiciones legales y aun constitucionales, en procura de igualar el debe y el haber de las operaciones del gobierno en ejercicio.

El interés por alcanzar los objetivos fiscales, no debe poner en riesgo el contrato social, y éste se sostiene en condiciones preestablecidas que no deben variarse de acuerdo con necesidades coyunturales, ya que su condición básica es la de conformar los pilares sobre los que se construye la convivencia en una nación.

No es atendiendo el pago de las deudas con recursos escasos como se va a resolver este acertijo, ni existen fórmulas para hacer desaparecer la diferencia entre lo que se tiene y lo que se debe. De igual manera, no se debe resolver el déficit paralizando la actividad económica del país en aras de cumplir con ecuaciones aritméticas, ni tampoco se le debe sacar capital de trabajo a quien lo utiliza en actividades productivas, para responder a necesidades financieras nacionales.

El equilibrio fiscal solo es fundamental para aquellos países cuyo déficit comercial genera las causas que impiden su concreción.

Es importante tener en cuenta que el déficit en las cuentas públicas no es un problema a resolver, sino que es la consecuencia natural de decisiones tomadas y ejecutadas en un ámbito mucho mas concreto que el de las finanzas, que es aquel de los negocios y la actividad económica, agravado por la tendencia de muchos funcionarios a desembarazarse de los problemas del momento, asumiendo compromisos que no los resuelven sino que solo despejan en apariencia el horizonte inmediato, pero sin considerar las consecuencias que sus decisiones significan para el futuro.

Siendo que las causas del desequilibrio fiscal se encuentran en el mal desempeño de las operaciones económicas, su resolución debe buscarse en el mismo ámbito que lo produjo. Por lo tanto, las finanzas no pueden ser utilizadas como un procedimiento idóneo para corregir un problema causado en un escenario absolutamente diferente.

Las finanzas no deben ocupar el lugar de privilegio en la escala de prioridades, ya que es la actividad económica y la capacidad para operar en ella con inteligencia y talento la que produce superavit. Este excedente, no es otra cosa que la conclusión de un ordenamiento económico donde las actividades productivas de cada operador, sea inversor, productor, comerciante, operario, funcionario, o cualquiera de las diversas facetas en las que se puede participar, estén orientadas a producir beneficio, sea éste individual o social.

El concepto de la supremacía de las finanzas en el mundo moderno, también produce efectos perjudiciales sobre los comportamientos sociales, ya que todos los estratos de la sociedad tienden a asumir en sus relaciones personales los mismos conceptos que se observan en el desenvolvimiento de las políticas de nivel macroeconómico.

Es así como el trabajo, como forma básica de inserción en la actividad social, se ve reemplazado por la tentación siempre presente de la especulación financiera, mientras que la búsqueda de resultados en el cortísimo plazo se manifiesta como el paradigma del éxito.

La cultura de las finanzas, incorporada como un elemento inherente a la vida cotidiana de todos los habitantes, cualquiera sea su condición social y/o económica, tiene como consecuencia inevitable la distorsión y bastardización de su propio contenido en razón de su empleo indiscriminado y su errónea utilización, modificando su condición de herramienta y transformándola en falsa teoría económica.

La solución a los problemas de la economía no se encuentra en las fórmulas financieras ni en las ecuaciones aritméticas, tampoco en los recurrentes planes de ajuste o emergencias, sino en la dinamización de los negocios que en su conjunto producen la actividad generadora de recursos.

En este ámbito debe actuarse con firmeza, convicción e inteligencia.

     
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