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Debajo del rótulo de la necesidad
de presentar un plan sustentable,
se escuda la determinación
del FMI de asegurar claramente la
llegada de los eventuales fondos al
destino para el cual se programan.
Los constantes y habituales desvíos
registrados en el pasado, con una
notoria agudización en los
últimos años, han colmado
finalmente la paciencia del ente financiero
que ha dejado de ver a la Argentina
como un asunto a ser resuelto por
vía de las metodologías
utilizadas tradicionalmente.
El circuito negativo en que se desenvuelve
la economía del país
y la falta de confianza en la dirigencia
política, reclaman un cambio
de enfoque de las autoridades y de
los grandes formadores de mercado
orientado a la expansión horizontal
y ordenada del consumo.
Parece poco concebible que las autoridades
y dirigentes en general, no reconozcan
como vertientes originales de la actual
crisis, al altísimo y dramáticamente
creciente nivel de desempleo, a la
aguda inestabilidad laboral y al lamentable
estado de las cuentas públicas
nacionales y provinciales por razones
de orden político.
Resulta igualmente sorprendente la
falta de sensibilidad para entender
que la famosa contabilidad creativa
puede ser utilizada de manera coyuntural,
pero nunca como método estable
para tratar de demostrar a través
de sus falacias, una situación
que antes o después saldrá,
por imperio de la realidad incontrastable,
a la luz de los hechos.
La hibridez de las estrategias intentadas
en los últimos meses, se estrella
contra su impractibilidad, pues está
demostrado que el asistencialismo,
o como se lo quiera denominar, no
es el camino para encontrar la solución
que el país necesita y reclama.
Es absolutamente cierto que existe
una desesperante exigencia de cubrir
necesidades imperiosas para algunos
sectores de la sociedad, y está
muy bien que una parte del gobierno
se ocupe de eso, pero el resto debe
abocarse con seriedad y rigor profesional
a elaborar metodologías para
el desarrollo y la creación
de fuentes de trabajo que son los
accesos para posibilitar, a través
del pago de impuestos, la generación
de recursos para que el erario público
disponga de medios para el funcionamiento
de las administraciones y sus ineludibles
servicios.
Un
camino heterodoxo
El Gobierno Nacional está tratando
desesperadamente, de cubrir los reclamos
del FMI para formalizar un acuerdo
que represente la oportunidad para
que Argentina sea tenida en cuenta
e iniciar negociaciones bilaterales
con entes y países que le permitan
destrabar el bloqueo financiero que
padece.
Pero lo que falta es la presentación
de un programa orgánico que,
más allá de la transición
breve de este elenco gubernamental,
demuestre el compromiso de la dirigencia
en general, respecto de objetivos
centrales básicos y de las
metodologías para alcanzarlos
que aseguren continuidad a un proceso
de desarrollo.
En esta dirección un punto
de partida será reconocer que
el descrédito que adorna a
la dirigencia es el mayor obstáculo
a superar, pues recurrentemente se
ha escuchado que todo el mundo está
dispuesto y hasta interesado en ayudar
a la Argentina, pero sólo después
que se demuestre la seriedad de las
conductas de sus representantes. Mientras
tanto la población sigue sufriendo
la inseguridad y la angustia que provoca
la creciente falta de trabajo.
Partiendo de estas dos definiciones,
uno de los caminos para resolver este
estado de cosas, será la negociación
de asistencia financiera real para
llevar a cabo un fuerte programa de
obras públicas, pero sin que
los fondos asignados sean derivados
a las autoridades locales para su
administración, sino a través
de un fideicomiso externo designado
por las fuentes del financiamiento.
Este fideicomiso tendrá la
responsabilidad de pagar a las empresas
adjudicatarias de manera oportuna,
y contra certificado de avance de
obra, la cuota parte correspondiente
a cada caso debitando simultáneamente
al Estado Nacional el mismo importe
hasta la conclusión de la obra
en cuestión.
Efecto
dinámico
La necesaria e inevitable creación
de puestos de trabajo garantizará
la rotación, dentro de la economía
interna, de los salarios percibidos
por los trabajadores. A partir de
esto se motorizarán todas las
actividades conexas con este movimiento
reactivador en el que tanto PyMEs
como grandes empresas, tendrán
oportunidad de participar, sin excluir
en las licitaciones correspondientes,
a firmas nacionales o del exterior
para transparentar toda la operatoria.
Aplicando este sistema, y con la inevitable
exigencia de presentar ante el fideicomiso
la documentación habilitante
para el cobro total de los certificados,
el Estado recibirá la correspondiente
contribución impositiva de
las empresas adjudicatarias y de sus
proveedores, y esto le proporcionará
recursos para el pago de sus compromisos
con los agentes financieros y con
la sociedad.
Adicionalmente se descomprimiría
la presión sobre Buenos Aires
y otras grandes ciudades del interior,
logrando como en otros grandes países
que la gente se movilice detrás
del trabajo, circulando y haciendo
más horizontal y eficiente
la cobertura geográfica y retroalimentando
periódicamente la necesidad
de nuevos emprendimientos de infraestructura.
Después de esto y activada
la economía establemente, se
podrá comenzar a hablar con
verdadero sustento de mejoras en las
remuneraciones que son otra cosa bien
distinta de los remanidos, gastados
y nocivos ajustes salariales masivos
que sólo habilitan y estimulan
más inflación sin resolver
el verdadero problema de los trabajadores.
Todo esto sin dejar de ejecutar simultáneamente
una política de comercio exterior
que necesariamente el país
debe diseñar de una vez por
todas pensando en el beneficio de
participar establemente del mundo
civilizado.
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