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Medio: Diario La Prensa
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Fecha: 17 de Noviembre
de 2002
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El futuro del sistema en su conjunto
está ligado a los escenarios
políticos de 2003. La gran
duda es qué va a pasar con
la banca pública. Todo indica
que la banca extranjera se atrincherará
en las grandes ciudades y que los
bancos nacionales pondrán el
acento en las PyMEs.
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Imaginar el futuro de
la estructura bancaria y financiera
general del país a partir de
los acontecimientos vividos recientemente,
con la salida desorganizada de la convertibilidad,
megadevaluación mediante junto
con la pesificación asimétrica
y sus consecuencias directas, es un
ejercicio que corresponde plantearlo
en función de los posibles escenarios
políticos que sobrevendrán
a las próximas elecciones presidenciales.
Faltan todavía claras manifestaciones,
por parte de los precandidatos, acerca
de la forma en que se tratará
un asunto tan sensible como lo es la
recuperación de la confianza
en la aplicación del estado de
derecho para todas las partes integrantes
de la sociedad.
La apatía de la ciudadanía
acerca del efectivo valor adjudicable
a quien resulte ganador, para enderezar
una situación calamitosa como
la padecida por casi todos con el desorden
generado por la transición, facilita
la falta de un compromiso expreso de
los políticos sobre la fórmula
para encarar el tema y las propuestas
programáticas enfocadas a restaurar
la organización financiera sin
perjuicio de aceptar la imposibilidad
de resolver equitativamente el daño
infligido al país en su conjunto.
Lo que es absolutamente realista es
que cualquiera haya sido el impacto
recibido por quienes vieron vulnerados
sus derechos por la implementación
del corralito primero y del corralón
después, o aún quienes,
por imperio de circunstancias particulares,
hubieran quedado al margen de estos
encierros, no resulta posible negar
la necesidad de un sistema financiero
formal con vigencia activa.
El panorama presente, muestra una estructura
con un reacomodamiento menor al que
suponía la gravedad de la crisis
con amenazas de caídas de bancos
o su salida del país, con amagues
para la venta o privatización
de las grandes entidades oficiales,
y que exhibe en cambio actualmente un
aplacamiento de los virulentos reclamos
de todos los sectores, y una especie
de agotamiento de los ahorristas que
llegaron, en su momento, a promover
con su activa presencia la debacle final
del anterior gobierno constitucional.
Como quiera que sea, y hasta tanto se
resuelva el acuerdo con el FMI y se
avance en las definiciones políticas
con vistas al futuro gobierno, las perspectivas
son de mantenimiento del actual nivel
de actividad, sin demasiados cambios
en el nivel de compromiso tanto sea
de las entidades como de sus clientes.
La mejor muestra de esto, la dio el
reciente acuerdo voluntario para extender
hasta Febrero del 2003 el plazo para
el inicio de las ejecuciones hipotecarias.
A ninguno de los agentes participantes
del sector financiero formal, le conviene
ni le interesa, cambiar el código
sobre el que fuera oportunamente acordada
una operación de crédito.
A los titulares de los inmuebles, porque
en muchos casos se trata de viviendas
familiares o establecimientos fabriles
o comerciales, y a los bancos porque
seguramente está fresca en su
memoria la experiencia vivida cuando
finalizada la época de la llamada
plata dulce y con las ejecuciones, se
encontraron en poder de automóviles
y propiedades cuyo valor de venta, estuvo
muy lejos de permitir el recupero de
los montos equivalentes a los créditos
caídos.
Según
el prisma
Existen desde los bancos, probablemente
por lo menos, tres lecturas diferentes
acerca del futuro de la actividad: la
de los grandes e internacionales, agrupados
en ABA y que durante todo este año
estuvieron tratando de no perder terreno
sin arriesgar nada más que lo
que ya estaba en juego y soportando
al mismo tiempo ser objeto de la iracundia
de los ahorristas; la de los nacionales
privados, cuya expectativa está
centrada en la perspectiva de un mercado
con mayores regulaciones y controles
que les permita operar manteniendo su
porción de mercado y pensando
que una reactivación de la economía
interna, potenciaría a las PyME
que son su mercado natural; y finalmente
la banca oficial encabezada por el Banco
Nación y el Provincia, cuyo destino
dependerá de una decisión
política.
Las tendencias que se avizoran o presumen
desde los precandidatos o candidatos
al próximo evento electoral,
muestran una variedad tan diferente
y hasta opuesta de opciones, que obligan
necesariamente al planteo de distintos
escenarios con estrategias específicas
para cada caso.
Por lo pronto algunos de los grandes
bancos están ejecutando una política
interna de retiros voluntarios con el
objeto de adelgazar sus presupuestos
operativos, y si bien en esta acción,
seguramente perderán a muchos
importantes y calificados empleados,
la decisión está enfocada
a encuadrar sus costos dentro de la
realidad vigente y acompañando
desde una actitud de reserva, la evolución
de la macro y la microeconomía.
Dadas las actuales circunstancias del
momento argentino y la caracterización
global de los negocios en el mundo,
no es posible imaginar que un nuevo
ciclo de evolución positiva en
el país, no cuente con la fuerte
presencia de los grandes bancos internacionales.
El
gran dilema
El gran dilema será establecer
el rol de la banca oficial, pues otra
vez la mirada deberá ser dirigida
hacia el futuro elenco gubernamental
y su definición política,
pues considerando que una de las posibilidades
es que resulte elegido un miembro del
actual partido en el gobierno y que
existen en esa órbita, ofertas
tan disímiles, es aventurado
y hasta poco serio establecer un destino
para estas entidades antes de conocerse
el final de esta lucha.
Independientemente de lo porvenir en
materia política, algunos bancos,
especialmente grandes, han iniciado
una tímida campaña de
oferta enfocada a pequeños créditos
personales o de financiamiento de bienes,
y si bien la reacción del mercado
por ahora es muy moderada, luce como
una manifestación de cierta impaciencia
del sector que, a partir del crecimiento
en el nivel de depósitos y en
el morigeramiento de los retiros, ha
comenzado a disponer de un creciente
volumen de liquidez. Si bien algunos
bancos están haciéndose
de recursos para enfrentar los próximos
vencimientos de los bonos que reestructuraron
las deudas de sus ahorristas, los hay
que, teniendo ese problema resuelto,
no encuentran en las licitaciones del
BCRA, ni en los demás servicios,
el leit motiv de su negocio.
Es por eso que, un horizonte probable,
permitiría suponer un fuerte
posicionamiento de la banca extranjera
en las grandes áreas metropolitanas
dejando para las entidades oficiales
la cobertura en el interior del país
y un rol complementario para los bancos
privados nacionales. |
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