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NOTAS, ECONOMIA.

EL REGRESO SIN GLORIA DE LOS BANCOS

Por: I. Carlos Alma

Medio: Diario La Prensa

Fecha: 17 de Noviembre de 2002

El futuro del sistema en su conjunto está ligado a los escenarios políticos de 2003. La gran duda es qué va a pasar con la banca pública. Todo indica que la banca extranjera se atrincherará en las grandes ciudades y que los bancos nacionales pondrán el acento en las PyMEs.

     
Imaginar el futuro de la estructura bancaria y financiera general del país a partir de los acontecimientos vividos recientemente, con la salida desorganizada de la convertibilidad, megadevaluación mediante junto con la pesificación asimétrica y sus consecuencias directas, es un ejercicio que corresponde plantearlo en función de los posibles escenarios políticos que sobrevendrán a las próximas elecciones presidenciales.

Faltan todavía claras manifestaciones, por parte de los precandidatos, acerca de la forma en que se tratará un asunto tan sensible como lo es la recuperación de la confianza en la aplicación del estado de derecho para todas las partes integrantes de la sociedad.

La apatía de la ciudadanía acerca del efectivo valor adjudicable a quien resulte ganador, para enderezar una situación calamitosa como la padecida por casi todos con el desorden generado por la transición, facilita la falta de un compromiso expreso de los políticos sobre la fórmula para encarar el tema y las propuestas programáticas enfocadas a restaurar la organización financiera sin perjuicio de aceptar la imposibilidad de resolver equitativamente el daño infligido al país en su conjunto.
Lo que es absolutamente realista es que cualquiera haya sido el impacto recibido por quienes vieron vulnerados sus derechos por la implementación del corralito primero y del corralón después, o aún quienes, por imperio de circunstancias particulares, hubieran quedado al margen de estos encierros, no resulta posible negar la necesidad de un sistema financiero formal con vigencia activa.

El panorama presente, muestra una estructura con un reacomodamiento menor al que suponía la gravedad de la crisis con amenazas de caídas de bancos o su salida del país, con amagues para la venta o privatización de las grandes entidades oficiales, y que exhibe en cambio actualmente un aplacamiento de los virulentos reclamos de todos los sectores, y una especie de agotamiento de los ahorristas que llegaron, en su momento, a promover con su activa presencia la debacle final del anterior gobierno constitucional.

Como quiera que sea, y hasta tanto se resuelva el acuerdo con el FMI y se avance en las definiciones políticas con vistas al futuro gobierno, las perspectivas son de mantenimiento del actual nivel de actividad, sin demasiados cambios en el nivel de compromiso tanto sea de las entidades como de sus clientes. La mejor muestra de esto, la dio el reciente acuerdo voluntario para extender hasta Febrero del 2003 el plazo para el inicio de las ejecuciones hipotecarias. A ninguno de los agentes participantes del sector financiero formal, le conviene ni le interesa, cambiar el código sobre el que fuera oportunamente acordada una operación de crédito.
A los titulares de los inmuebles, porque en muchos casos se trata de viviendas familiares o establecimientos fabriles o comerciales, y a los bancos porque seguramente está fresca en su memoria la experiencia vivida cuando finalizada la época de la llamada plata dulce y con las ejecuciones, se encontraron en poder de automóviles y propiedades cuyo valor de venta, estuvo muy lejos de permitir el recupero de los montos equivalentes a los créditos caídos.

Según el prisma
Existen desde los bancos, probablemente por lo menos, tres lecturas diferentes acerca del futuro de la actividad: la de los grandes e internacionales, agrupados en ABA y que durante todo este año estuvieron tratando de no perder terreno sin arriesgar nada más que lo que ya estaba en juego y soportando al mismo tiempo ser objeto de la iracundia de los ahorristas; la de los nacionales privados, cuya expectativa está centrada en la perspectiva de un mercado con mayores regulaciones y controles que les permita operar manteniendo su porción de mercado y pensando que una reactivación de la economía interna, potenciaría a las PyME que son su mercado natural; y finalmente la banca oficial encabezada por el Banco Nación y el Provincia, cuyo destino dependerá de una decisión política.

Las tendencias que se avizoran o presumen desde los precandidatos o candidatos al próximo evento electoral, muestran una variedad tan diferente y hasta opuesta de opciones, que obligan necesariamente al planteo de distintos escenarios con estrategias específicas para cada caso.

Por lo pronto algunos de los grandes bancos están ejecutando una política interna de retiros voluntarios con el objeto de adelgazar sus presupuestos operativos, y si bien en esta acción, seguramente perderán a muchos importantes y calificados empleados, la decisión está enfocada a encuadrar sus costos dentro de la realidad vigente y acompañando desde una actitud de reserva, la evolución de la macro y la microeconomía.

Dadas las actuales circunstancias del momento argentino y la caracterización global de los negocios en el mundo, no es posible imaginar que un nuevo ciclo de evolución positiva en el país, no cuente con la fuerte presencia de los grandes bancos internacionales.

El gran dilema
El gran dilema será establecer el rol de la banca oficial, pues otra vez la mirada deberá ser dirigida hacia el futuro elenco gubernamental y su definición política, pues considerando que una de las posibilidades es que resulte elegido un miembro del actual partido en el gobierno y que existen en esa órbita, ofertas tan disímiles, es aventurado y hasta poco serio establecer un destino para estas entidades antes de conocerse el final de esta lucha.
Independientemente de lo porvenir en materia política, algunos bancos, especialmente grandes, han iniciado una tímida campaña de oferta enfocada a pequeños créditos personales o de financiamiento de bienes, y si bien la reacción del mercado por ahora es muy moderada, luce como una manifestación de cierta impaciencia del sector que, a partir del crecimiento en el nivel de depósitos y en el morigeramiento de los retiros, ha comenzado a disponer de un creciente volumen de liquidez. Si bien algunos bancos están haciéndose de recursos para enfrentar los próximos vencimientos de los bonos que reestructuraron las deudas de sus ahorristas, los hay que, teniendo ese problema resuelto, no encuentran en las licitaciones del BCRA, ni en los demás servicios, el leit motiv de su negocio.

Es por eso que, un horizonte probable, permitiría suponer un fuerte posicionamiento de la banca extranjera en las grandes áreas metropolitanas dejando para las entidades oficiales la cobertura en el interior del país y un rol complementario para los bancos privados nacionales.
     
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